martes 10 de marzo de 2009

España, País del Cambalache (léase a ritmo de tango)

Del Editorial de "EL PAÍS", 10 marzo 2009:

"...por más que, como se ha visto en reiteradas citas electorales, los escándalos de corrupción urbanística no hayan pesado en el sentido del voto ni tampoco en la popularidad de los implicados..."

Lo cual me lleva a reafirmar mi convicción de que ni la política, ni los políticos, son los corruptos o "sucios". La corrupción y la suciedad son generales e intrínsecas a la sociedad española.

Un electorado que no sanciona al político corrupto es un electorado del cuál surge esa misma corrupción. Por eso, no es sólo el mundo político, sino el empresarial, el sindical, los hospitales, las iglesias, los profesionales liberales, los obreros manuales, las escuelas, y todo el entramado social el que vive de la corrupción.

Los valores -por sucios que sean no dejan de ser valores, aunque moralmente valgan poco- que imperan son los del enriquecimiento fácil e inmediato, la falta de responsabilidad ante las decisiones y elecciones propias, la búsqueda de la riqueza sin producirla, el "dos panes para hoy, y mañana ya lloraré diciendo que alguien me ha robado el pan de ese día y que otro alguien me lo tiene que reemplazar".

Posiblemente haya en Europa Occidental un sólo país más que baila a fondo y ciegamente, con España, este tango del Cambalache: Italia. Y así les va a ambos. Están prolongando el siglo XX, el del Cambalache, en vez de vivir en el siglo XXI.

CAMBALACHE
(Enrique Santos Discepolo)

Que el mundo fue
y será una porquería
ya lo sé...
(¡En el quinientos seis
y en el dos mil también!).
Que siempre ha habido chorros,
maquiavelos y estafaos,
contentos y amargaos,
valores y dublé...
Pero que el siglo veinte
es un despliegue
de maldá insolente,
ya no hay quien lo niegue.

Vivimos revolcaos
en un merengue
y en un mismo lodo
todos manoseaos...
¡Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor!...
¡Ignorante, sabio o chorro,
generoso o estafador!
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
¡Lo mismo un burro
que un gran profesor!

No hay aplazaos
ni escalafón,
los inmorales
nos han igualao.
Si uno vive en la impostura
y otro roba en su ambición,
¡da lo mismo que sea cura,
colchonero, rey de bastos,
caradura o polizón!...

¡Qué falta de respeto,
qué atropello a la razón!
¡Cualquiera es un señor!
¡Cualquiera es un ladrón!
Mezclao con Stavisky va Don Bosco
y "La Mignón",
Don Chicho y Napoleón,
Carnera y San Martín...
Igual que en la vidriera irrespetuosa
de los cambalaches

se ha mezclao la vida,
y herida por un sable sin remaches
ves llorar la Biblia
contra un calefón...

¡Siglo veinte, cambalache
problemático y febril!...
El que no llora no mama
y el que no afana es un gil!
¡Dale nomás!
¡Dale que va!
¡Que allá en el horno
nos vamo a encontrar!
¡No pienses más,
sentate a un lao,
que a nadie importa
si naciste honrao!

Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata,
que el que curao
está fuera de la ley...

2 comentarios:

  1. Al menos yo no me identifico con esa gentuza :-)

    Sé que como yo hay muchos, que sufren la corrupción y que no tienen más remedio que elegir entre lo disponible, que siempre es mejor que no elegir.

    ¡Hay esperanza!

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  2. Evidentemente, hay una (buena) parte del electorado que no avala a ese tipo de políticos. Lo grave es que, en la mayor parte de los casos, el "Soberano" -como lo llama Hugo Chávez- vota mayoritariamente a los corruptos.

    Estoy de acuerdo en que que siempre hay que elegir. Por eso, me parece acertado el hecho de que el voto en Bélgica no es sólo un derecho, sino un deber. Es obligatorio. Es como pagar impuestos, todo ciudadano debe contribuir a la marcha de los asuntos comunes en la medida de su capacidad. Elegir a los gestores de lo público forma parte de esos asuntos.

    Pero de lo que aquí se trata, es del escándalo que supone que la corrupción no conlleva un castigo del electorado, que, erre que erre, sigue votando a los corruptos. Como en Italia. Como en España.

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